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15 jun. 2016

Un “ecónomo mendigo”, el misionero Salvador Romano en el Chad

OMPRESS-CHAD (14-06-16) Salvador Romano, misionero javeriano, ecónomo en la diócesis de Pala, en Chad, y responsable de un centro contra el SIDA, en la misma ciudad de Pala, ha hablado con OMPress de sus inquietudes misioneras. Ser ecónomo de una diócesis como Pala, en uno de los países más pobres del mundo, es difícil. Como él mismo cuenta, “el ecónomo se convierte en un mendigo”. Y es que hay muchísimas necesidades, hay que financiar escuelas, dispensarios, el centro de lucha contra el sida, mantener a los sacerdotes, ayudar a las hermanas misioneras, provenientes de África – las europeas consiguen financiación en sus países de origen – y muchas otros frentes que hay que atender… todo genera deudas… son todas dificultades que él afronta con alegría, como misionero que es.
Salvador Romano nació en Sant Feliu de Codines, diócesis de Vic, hace 71 años. Su primer destino misionero fue Burundi, al que marchó en el año 1977. Los javerianos, como el resto de los misioneros fueron expulsados poco a poco del país, entre los años 1979 y 1985. La comunidad de los javerianos de Burundi pasó a Chad, a la diócesis de Pala, sin abandonar el “tajo” misionero.
Salvador recuerda aquellos años con cariño. Estaba en la misión Gounou Gaya, en medio de la etnia mouseye, una población agrícola. Fue una experiencia de primer anuncio, en una hermosa labor de “transmisión oral del Evangelio”. Y tuvo sus frutos. Al llegar había 300 cristianos, actualmente hay cerca de 6.300. Además se abrieron escuelas y se crearon dos dispensarios. Uno de los logros del que se muestra más satisfecho fue la creación de cooperativas agrícolas y cajas de ahorros para los agricultores, que han ayudado muchísimo a esta población, en la que prácticamente no hay propietarios de tierras. Del año 92 al 2001 se le pidió que ejerciera en España como provincial de los javerianos, cargo que alternó con una gran labor de animación misionera.
Después, le llegó de nuevo la felicidad. Volvió a ser enviado a Chad, a su amada diócesis de Pala. El quería ir como “sencillo peón”, y así regresó a un país que sólo aparece en las noticias de Occidente por sus guerras y tragedias. Se encontró a “sus” cristianos algo más viejos. Entre ellos sigue hoy, en una comunidad multicultural, donde sus compañeros javerianos son misioneros que vienen del Congo, de Bangla Desh y de Indonesia, dejando aún más claro el carácter universal de la misión.